Así que censuraron a Marino Protti…

Ayer en la mañana, leyendo el Infierno en Costa Rica, no pude evitar destornillarme de la risa. El Concejo Municipal de Nicoya aprobó un voto de censura en contra de Marino Protti, por atreverse a hablar del potencial sísmico que existe en la Península de Nicoya.

No podría esperarse más de un organismo político, supongo. En la búsqueda del protagonismo y de darse importancia, se les olvida realmente a dónde están parados y contra qué están peleando. Y el tema, en este caso, no es tanto contra “quién”, sino contra “qué”.

Obviamente el Concejo cometió un error estratégico grave. El voto de censura emitido no lo interpretó el país como un voto de censura a Marino Protti, sino como un voto de censura a la ciencia: La Municipalidad de Nicoya no está de acuerdo con los resultados de décadas de investigación, y está pidiendo castigo para el responsable de esos resultados… al mejor estilo oscurantista con el cual se persiguió en su momento a Galileo, a Darwin, y a muchos otros herejes de la historia.

El trabajo desarrollado por Protti es un trabajo científico, publicado, y revisado por numerosos expertos de todo el planeta. El proyecto que desarrolla OVSICORI en la Península de Nicoya ha sido cuidadosamente planificado y ejecutado, tanto a nivel nacional como a nivel internacional. A toda luz es un trabajo científicamente sólido, que ha cumplido todos los requisitos exigidos por los métodos de evaluación del conocimiento.

El que una institución política como una Municipalidad, pretenda censurarlo sin presentar más razones que sentirse afectada por la “incertidumbre” que generó, es inaudito.

Además el hecho de que se cuestione la veracidad y apego a racionalidad del trabajo, y tras de todo que exista un dedazo en el encabezado y se consigne la fuente como la “Minicipalidad de Nicoya” (sic), termina de darle un aire de ridiculez e ignorancia absoluta al asunto.

Mala movida. Como dirían popularmente: el Concejo se puso para que le dieran.

Si vale la pena aclarar que el trabajo de Protti y de OVSICORI no es verdad absoluta, y no está exento del debate. En los diferentes círculos académicos que lo han evaluado, se le han hecho críticas y se le han planteado dudas. Algunas de esas críticas, precisamente, tienen que ver con la manera en que OVSICORI muchas veces forma una extraña simbiosis con la prensa, y permite que se expongan los resultados de sus estudios con un tono de alarma, como si fueran certezas deterministas. Esa mancuerna OVSICORI-prensa, efectivamente, ha contribuido en ocasiones a generar expectativas e incertidumbre, con base en hechos que aunque son científicamente válidos, tienen un componente probabilístico que hace inapropiado el tratamiento que les dan los medios.

Con todo y cuestionamientos, sin embargo, el trabajo sigue siendo válido y sigue estando aceptado como ciencia, con sus limitantes y consideraciones particulares. Y eso jamás se puede dejar a un lado como aparentemente sucedió en este caso.

Quizás hubiera resultado mejor alternativa, debatir formalmente el trabajo de Protti a nivel académico y con respaldo, como exige el protocolo científico que se debe hacer. Exponiendo críticas objetivas y explicando el desacuerdo existente, quizás se hubiera llegado a un mejor término, y tal vez hasta se hubiera educado mejor a la población respecto a este tema. El argumento de fondo de la Municipalidad es válido hasta cierto punto, pero no es una cuestión que pueda ser simplemente decretada mediante un voto de censura. Hay otro tratamiento que debe dársele.

Por el momento, supongo, no hay nada que hacer excepto disfrutar del linchamiento que sufrirá la Municipalidad de Nicoya. Los estudios de OVSICORI siguen siendo tan sólidos como el primer día. Cosa que, desafortunadamente, no se puede decir ahora de la reputación de la Municipalidad.